Montaña Machupicchu Trek

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Montaña Machupicchu Trek

Pequeños sitios a lo largo del CaminoInka
os INKAS CONSTRUYERON sobre sus caminos diversos tipos de sitios, los cuales fueron considerablemente más pequeños que los centros administrativos y tampu. Estos sitios tuvieron un número de funciones relativamente específicas. Algunos, como el caso del chaskiwasi, se mencionan con frecuencia en las fuentes históricas tempranas. Otros peque- ños sitios, como los santuarios, se mencionan ocasionalmente, y existen pocas descripciones físicas de ellos. Los arqueólogos han contribuido muy poco a la comprensión de los sitios pequeños sitios a lo largo del camino, ya que estos no han sido un espacio o campo siste- mático de investigación para ellos. La tendencia de los arqueólogos de estudiar sitios gran- des y espectaculares, ha dejado a los sitios pequeños sin atención. Este ha sido un grave error, ya que lo que los sitios pequeños compensaron el tamaño con la ubicuidad y cantidad. De este modo, pueden existir cientos o miles de sitios pequeños sin investigar. Nuestras prospecciones encontraron sitios pequeños en todos los segmentos del cami- no en los cuales se identificaron tampu. Lamentablemente, es probable que muchos sitios pequeños no hayan sido detectados, debido a que la única evidencia de ellos habría estado conformada por algunos escombros y artefactos sobre la superficie. Cuando estos sitos eran detectados, fueron fotografiados, catalogados y ubicados en los mapas topográficos, como lo fueron los tampu. Sin embargo, la esporádica naturaleza de los datos sobre sitios pequeños de segmento a segmento y de un piso ecológico a otro, sugiere que es poco probable de que los sitios pequeños que reportamos en este volumen constituyan una muestra representativa del total de los mismos a lo largo del Tawantinsuyu. Los sitios pequeños no sólo son difíciles de ver, debido a su tamaño, sino porque frecuentemente no están bien construidos, y se encuentran en un riesgo mucho mayor de desaparición. Han sido desmantelados para utilizar sus piedras, han sido arados, y reconstruidos. El tampu, por ejemplo, es una estructura arqueológica mucho más duradera, simplemente porque es más grande y su destrucción requiere de diversos elementos naturales y culturales. En este capítulo analizamos la evidencia arqueológica de cuatro categorías de sitios pequeños, e intentamos extraer algunas conclusiones acerca de los mismos. Ellos son: (1) los puestos de chaski, (2) apachetas, (3) los santuarios, y (4) puestos de control.

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LOS PUESTOS DE CHASKI ( CHASKIWASI)

Casi todas las crónicas andinas de los siglos XVI y XVII, así como muchos de los informes burocráticos describen el importante sistema de chaski, el cual a través de una serie de co­ rredores, llevó mensajes y objetos pequeños a grandes distancias al interior del imperio, en cuestión de días, una semana o dos como máximo. Tanto Albert Regal (1936:15­17) como Strube E. (1963:81­86) han resumido parte de la abundante información existente sobre este tema, la cual es pertinente repetir en esta sección. Sin embargo, la información escrita sobre el sistema de cbaski, en ocasiones es contradictoria e incompleta. Por ejemplo, aún no es posible conocer ciertos puntos:

l. ¿A qué se parecía un chaskiwasi?

2. ¿A qué distancia estaban los chaskiwasi?

3. ¿Todos los caminos eran utilizados por el chaski, o sólo algunos?

4. ¿Cómo era el mensaje transportado por diversos mensajeros sin confundirlo o ter­

giversarlo : Las evidencias reunidas por nuestro proyecto permiten una re evaluación de las preguntas anteriormente mencionadas, pero de ninguna manera las resuelve. La apariencia física de los chaskiwasi Sobre la apariencia física de los chaskiwasi, conocemos sólo dos descripciones de testigos oculares. Una es dada por Cieza de León (1967 [1553]: los 70­72), quien indica que esta­ban techadas con madera y paja. Cieza agrega que él había visto “algunas de estas casas”, un punto que podría sugerir que muchos de estos puestos habían dejado de existir durante el momento en el cual Cieza emprende sus viajes (1540). En otro pasaje, Cieza (1962 [1553]: 137) indica que un chaskiwasi estaba conformado por una pequeña casa en la que dos indios (chaski) vivían con sus mujeres. Esto sugiere que los chaskiwasi eran unidades habitacionales domésticas. Un testimonio de 1568 (en Salomón 1978:217) también menciona la presencia de mujeres y familias en los chaskiwasi. Coba agrega otra descripción (1964[1653]:126­129). Él menciona que eran chozas, llamadas cbuclla, dispuestas en pares. Eran lo suficientemente grandes como para albergar tan solo a dos personas, y en el Qolla Suyu estuvieron hechas de piedras canteadas sin argamasa. Las cabañas eran del tamaño de un horno de pan (¿redondas?) y “algunas de ellos siguen en pie”. Cobo señala que los chaskiwasi fueron construidos de diversos modos y formas en distintas regiones. Polo de Ondegardo (1916 [1571]: 103­105) no describe a los chaskiwasi, pero menciona que estos eran pequeños y en estaban en pares .Existe evidencia arqueológica sobre los chaskiwasi, pero es difícil para aislar y analizar, debido a que no hay indicadores específicos de artefactos o arquitectura que permitan realizar un diagnóstico de tales sitios. Encontramos cimientos rectangulares, aislados y en pares, en los tramos de Huánuco (Perú), Cañar­Azuay (Ecuador), Atacama (Chile), y Lambayeque , Moche (Perú) (ver los reportes de sitios en la primera parte de este volumen). Esperábamos encontrar sitios pequeños en los caminos de Cajamarca-Huarnachuco (Perú) y del lago Titicaca (Perú), pero nos dimos cuento de la imposibilidad de esto, debido a que incluso los tampu fueron destruidos en estas regiones. Tal vez los mejores candidatos para ser catalogados como chaskiwasi, fueron la sitios rectangulares sub encontrados en el desierto de Atacama (Figura 10.6). La preservación arqueológica en esta región es mucho mejor que en cualquier otra zona prospectada. Los sitios sub rectangulares (ver los reportes de sitios en el capítulo 10) por lo general tenían la cerámica de superficie hacia el camino, una disposición similar a la ubicada cerca de los tampu (Figura 21.1). Los muros (dobles filas de piedras sin argamasa) fueron construidos de forma similar a la de los tampu. La ubicación intermitente entre los tampu aboga por su condición de chaskiwasi. Sin embargo, uno no puede estar seguro. Las estructuras sub rectangulares no están agrupadas en pares, ni se encontraron estructuras similares en una extensión sur del camino, cerca de Copiapó (Iribarren y Bergholz 1971). Cabe señalar que no es necesario que el chaskiwasi esté dispuesto en pares, debido a que solamente un par de autores (Cobo y Polo), de los tantos y diversos cronistas tempranos, menciona que los chaskiwasi estuvieron dispuestos en pares. Además, nuestras exploraciones encontraron muy pocos ejemplos de estructuras pares al lado de los caminos (ver el reporte sobre el sitio de Licujirca en el capítulo 5 y el reporte sobre el sitio de Huasi Pampain en el capítulo 2). Por otra parte, Hagen (1957: 194) presenta un diagrama de un sitio con dos pares de estructuras cerca de Jauja. Quizás la clave para entender el aspecto físico de los chaskiwasi, sea la frase de Cobo, quien señaló que eran diferentes en distintas regiones del imperio. Si los chaskiwasi fueron tan variados como los tampu a nivel arquitectónico (véase el capítulo 19 sobre los tampu), entonces hay pocas posibilidades de que los arqueólogos descubran rasgos arquitectónicos que sean exclusivos a estos sitios. La comparación de Cobo con los hornos de pan (presu- miblemente redondos) parecería contradecir nuestros datos, que indican sitios cuadrados o rectangulares. Sin embargo, no puede haber contradicción alguna, ya que se podría indicar que el chaskiwasi imitaba a las unidades habitacionales locales. En el Qolla Suyu, desde donde Cobo describe los sitios, las unidades habitacionales prehistóricas eran redondas. Otras áreas podrían haber tenido puestos rectangulares. Los dos cronistas que pudieron presenciar los chaskiwasi (Cieza y Cobo) son conocidos por sus comentarios precisos. Sería prudente aceptar ambas descripciones correctas, dado que las observaciones provienen de regiones diferentes. En resumen, los chaskiwasi, al parecer variaron en tamaño, número de estructuras (una o dos), y formas (redondas o rectangulares). Es probable que las actividades de los chaski no siempre se hayan desarrollado en sitios aislados. Como las funciones de albergue y almacenamiento en los tampu, las actividades de los chaski, probablemente se integraron a otros sitios, posiblemente más grandes. Es posible que los tampuy otros sitios de grandes dimensiones, hayan albergado a los chaski. ¿Alguna técnica arqueológica podría utilizarse para identificar la presencia de los chaski? Una idea podría ser la de excavar algunos pequeños a lo largo del camino Inka, en busca de  .Las fuentes históricas tempranas difieren dramáticamente sobre de distancia entre los chas­kiwasi. Estete menciona a seis por legua. Cobo, Garcilaso, y Santillana indican una distancia de un cuarto de legua. Zarate, Guamán Poma, Sarmiento de Gamboa y Cieza estipulan una distancia de media ligua. Pedro Pizarro precisa una legua, y Gutiérrez de Santa Clara, Polo de Ondegardo, los funcionarios encargados de los khipu y Acosta, mencionan una leguay media. ¿Por qué existe toda esta variación, si la mayor parte de los autores son fiables? Al parecer no hay intención alguna de falsear información, sino más bien estos autores gene­ ralizaron distancias en base a información específica observada o recogida. Las descripciones de testigos oculares como Cieza y Cobo, y nos dicen que habían visto “algunos”. Esto plantea la posibilidad de que incluso estos testigos no hayan podido observar secuencias completas de chaskiwasi, probablemente porque estos sitios pequeños no sobrevi­ vieron mucho tiempo después de la caída del imperio. La ausencia de secuencias completas visibles, puede haber originado datos tan disímiles sobre las distancias entre los sitios. Otra explicación sobre la variación citada en las distancias podría explicarse observando el ejemplo de los tampu. Las fuentes históricas reportan distancias de un sexto a un cuarto de legua (aproximadamente un kilómetro) a una legua y media (unos ocho kilómetros). Al igual que en los tampu, es posible que el terreno accidentado, y la disponibilidad o proximidad de la mano de obra local, hayan influenciado con frecuencia la ubicación de los chaskiwasi. Las distancias de uno a ocho kilómetros tienen cierto sentido. Un chaski en terreno plano probablemente estaría tan agotado como otro que asciende uno o dos kilómetros sobre una montaña muy pronunciada. Nuestro proyecto no pudo aislar con certeza una secuencia completa de chaskiwasi, que permitan calcular con precisión la distancia entre ellos. Sin embargo, si los sitios sub rectangulares en el desierto de Atacama fueron chaskiwasi, ellos están separados por las siguientes distancias, uno de cada uno, o de algún tampu: 12, 2V2, 5Y2, 30, 6Y2, 13, 9V2 y­ 20 kilómetros. Estas distancias son mayores a las citadas en las fuentes históricas tempra­nas. Las distancias entre 20 y 30 kilómetros no parecen ser realistas. Tal vez algunos sitios hayan sido destruidos. Sin embargo, el camino del desierto de Atacama fue uno de los más aislados de todos los prospectados por el proyecto. En este camino se comprobó que los tampu estuvieron separados por distancias mayores a las registradas en otras regiones del imperio. Quizás es de esperar que los chaskiwasi se encuentren a mayores distancias que en otras regiones del sistema vial Inka, Los primeros españoles llegados al territorio andino, restablecieron el sistema chaski en algunas ocasiones, por ejemplo, durante las guerras civiles. El reemplazo de los chaski por los caballos en el siglo XVII (Regal 1936: 17) determinó la extinción del sistema de chasqui, el cual bajo la dirección española, fue mucho menos eficiente que durante la época Inka. Cobo señaló (1964 [1653]:131) que los chaski podían llevar cartas de Lima a Cuzco en tres días, tarea que los caballos realizaban en 12 o 13 días. Se desconoce si los chaskiwasi Inka fueron utilizados por los españoles durante el domino español, o si se construyeron nuevas estructuras. Salomón (1978:217) cita un Obispo de Quito de la década de 1560, quien refiere que los chasqui estaban apostados a intervalos de una legua y media (unos 8 km). Esta esla misma distancia de un tupu, una unidad de medida de distancia, que los khipucamayoq y Polo de Ondegardo describen como distancia entre los chaskiwasi. Dado que los datos disponibles en la actualidad sobre la distancia entre los chaskiwasi, y la ubicación en los caminos, son tan variados, es inútil estimar la cantidad de chaskiwasi utilizados por el imperio. Esto se complica aún más por duda sobre cuántos chaski estaban en cada sitio (las fuentes escritas varían), es decir, si eran dos o cuatro. Las Casas (en Strube 1963:82) dan una cifra de 1500 chaski apostados en la ruta entre Cuzco y Quito. Si existe alguna certitud en esta informaciÓ1;1, podrían haber existido 750 (dos chaski por sitio) o 375 (cuatro chaski por sitio) sitios ubicados en la vía principal de alrededor de 2500 kilómetros de extensión. Estos chaskiwasi podrían haber estado separados por un rango de alrededor de 3.3 o 6.7 kilómetros, dependiendo de la presencia de dos o cuatro chaski por sitio. Ambas distancias se encuentran dentro del rango descrito líneas arriba. Como veremos más adelante, los chaskiwasi estaban en ubicados en varios caminos principales. El chaski en el tramo de Cusco a Quito, era sólo parte de un sistema mayor. Incluso, considerando la pobre evidencia sobre que caminos tuvieron chaskiwasi, y con qué frecuencia eran ubicados, es imposible dejar de mencionar que varios miles de corredores se deben de haber sido movilizado con­ tinuamente las 24 horas del día fin de que el sistema funcione. Las rutas utilizadas por los chaski : La evidencia escrita temprana sobre los caminos utilizados por los chaski no es muy completa. Es evidente que el sistema se extendió por el camino principal de la sierra, de Quito al Cuzco y al centro de Chile. También es claro que, por lo menos un tramo del camino en dirección a la costa del Pacífico, fue utilizado por el sistema de chaski, a fin de que el emperador recibiera mariscos frescos. Pero más allá de estas observaciones, hay muy poca evidencia del uso de otros caminos por parte del sistema de chaski. Vuestro proyecto fue capaz de localizar sitios pequeños, los cuales podrían ser chaskiwasi, en los caminos de Cañar-Azuay, Huánuco, y el Pequeños sitios a lo largo desierto de Atacama. Estos caminos son parte de las vías principales en dirección al norte y al sur del Cuzco. La falta de sitios pequeños en otros segmentos (Cajamarca-Huamachuco, lago Titicaca) se debe sin duda alguna a la pobre conservación arqueológica. Otros tramos, en los cuales la conservación es generalmente buena, y en donde se podría esperar ubicar algún chaskiwasi, no produjeron evidencias de.sitios pequeños (Paria-Tapacarí, Bolivia; Calchaquí-Tastil, Argentina; Uspallata-Mendoza, Argentina) No estamos al tanto de referencias arqueológicas o históricas confiables, en las cuales se indique o mencione a los caminos costeños o laterales (de la sierra a la costa) que hayan sido utilizados por los chaski. La gran importancia del camino de Chincha a Cuzco (a través de Pisco y Vilcas), sugiere que fue utilizado por los chaski. Sin embargo, nuestra prospección de un segmento de la puna, a través del valle de Pisco en dirección a Chincha, no fue capaz de encontrar pequeños sitios que podrían haber servido como chaskiwasi (véase el capítulo 7). Sin embargo, la detección de los sitios es complicada debido al gran desorden de los mismos a lo largo del valle de Pisco. Identificar chaskiwasi entre ellos exige mayor detenimiento que lo que pueda ofrecer una rápida prospección arqueológica. Un conjunto de sitios pequeños, ubicados en el desierto, a lo largo del camino entre Pisco y Chincha, probablemente no sea evidencia de chaskiwasi, ya que estos sitios están separados por sólo unos cientos de metros (ver la sección de los santuarios en este capítulo). Rostworowski (1977:218-219) menciona un camino especial utilizado por los chaski, entre los valles de Lurín y Rímac. Buscamos el camino sin éxito alguno. Como la mayoría de los caminos en el desierto, probablemente se trataba de un sendero. Este camino pudo haber sido de origen colonial, ya que los chaski se utilizaron entre Lima y Cuzco, durante la época colonial temprana. Los chaski habrían corrido al sur del Rímac (Lima) hasta llegar a Lurín, o a otro valle sureño, antes de girar hacia el interior. La evidencia relativa a la presencia del sistema de chaski en costa sur cerca de Lima, es desalentadora. Estudios cuidadosos entre Pachacamac (Lurín) y Jauja o en el camino hacia el interior desde Chala, podrían brindar evidencias concretas. Nuestro proyecto no pudo encontrar evidencias sólidas de la presencia de chaskiwasial­ guno entre los caminos prospectados en los valles de Lambayeque y Moche. La sitios pequeños ubicados en esta región, al parecer tuvieron una función distinta (ver la sección sobre los puestos de control en este capítulo). Se ha sugerido que el concepto de chaski tiene gran antigüedad en la costa norte, dado que las vasijas Moche retratan a personajes corriendo. Sin embargo, es necesario identificar y recuperar evidencias arqueológicas y/o históricas tempranas, antes de discutir el uso de este sistema en la costa norte. El emperador Inka, cautivo en la sierra de Cajamarca, recibió alimentos marinos procedentes de la costa, lo cual es un indicador de la existencia de una ruta utilizada por los chaski en la región.

Salomón (1978:216-217) informa de una conexión chaski colonial en la sierra de Chimbo, en Guayaquil. Es lamentable que nuestro proyecto no haya recuperado más información sobre aquellos caminos Inka que fueron utilizados por los chaski. Hasta que nuevos datos estén disponibles, se podría considerar las siguientes posibilidades. En primer lugar, tal vez el sistema de chaski se limite solamente a una vía principal de eje norte-sur en la sierra, y a una o dos vías laterales en la costa. Si tal fuera el caso, es inútil intentar localizar chaskiwasi alguno en gran parte del sistema vial Inka. En segundo lugar, existe alguna posibilidad de que el sistema fuera más generalizado. La identificación arqueológica del mismo requerirá de una prospección sumamente cuidadosa, debido a que los chaskiwasi son sitios frágiles y pequeños, además de ser propensos a la desaparición.

¿Cómo era el mensaje transmitido entre los chaski?

John Murra (1980:105) planteó por primera vez la pregunta: ¿Cómo fue posible transmitir un mensaje entre muchos chaski sin confundirlo o alterarlo? Los datos aquí presentados ponen de manifiesto que cualquiera que haya sido el mensaje, este debe de haber pasado entre varios cientos de diferentes chaski, particularmente en las rutas más largas, como entre Cusco y Quito o Cuzco y Chile. Es difícil creer que un mensaje transmitido oralmente haya llegado sin alteración alguna. Ciertamente, el cálculo de una distancia máxima promedio, entre los chaskiwasi separados por ocho kilómetros, arrojaría que un mensaje entre Quito y Cuzco debió de haber pasado por lo menos por 375 personas. El problema de alteración del mensaje, era probablemente agravado por el hecho de que los cbaski, si bien entrenados para su función, no eran mensajeros a tiempo completo y eran relevados luego de algunas semanas. Además, probablemente tuvieron diversos orígenes lingüísticos y culturales, ya que la función de chaski era parte de las obligaciones impuestas por la mita. Una clave para el éxito del sistema de chaski fue probablemente el uso del khipu, el sistema de cuerdas anudadas, utilizadas para muchas categorías de información (Locke 1923). Muy pocas fuentes históricas tempranas relacionan al khipu con el chaski. Estere (1924 [1535]:51) menciona que los chaski le entregan a su relevo “el mensaje [embajada] y en adición a lo que se hablaba [el chaski] llevaba ciertos nudos para la memoria, y con ellos son capaces de saber mucho”. Garcilaso (1960/II [1609] :203) ubica sus descripciones de chaski y khipu en conjunto. Señala que el mensaje verbal era breve y conciso, y que se repite tres o cuatro veces “hasta el relevo estaba seguro del mismo.” Garcilaso explica que los mensajes fueron enviados mediante los khipu ya que los khipucamayoq, separados por grandes distancias, comprendían perfectamente el sistema. Es evidente que las categorías de información en los khipu podrían ser infinitas. Durante la época colonial temprana, los aborígenes llevaban los khipu a la iglesia a fin de recordar sus pecados. Las categorías típicas de los khipu Inka, son exploradas por Murra (1975:243-254; 1982). Es posible que la gran mayoría de información llevada por el chaski fue transmitida mediante el khipu y que el mensaje verbal se limitara a precisar a quién y a donde estaba dirigido. Si el sistema de chaski funcionó en sólo unos pocos caminos, entonces el estaba limitado a que se entregue el khipu a una persona o destino incorrecto. En resumen, la posibilidad de transmitir oralmente un mensaje a través de ciento personas, es posible si:

1. El mensaje es corto -probablemente limitado a la identificación del destino
2. El mensaje se repite varias veces.
3. El número de destinos o receptores es limitado.
4. La información compleja es transmitida en un khipu.

APACHETA  : Las apacheta son puntos ceremoniales ubicados en caminos, a grandes alturas, en donde le: viajeros tradicionalmente han depositado ofrendas, en su mayoría piedras. La acumulacion de piedras en alguna apacheta ha creado una o varias pilas de piedra. En rutas importantes estas pilas pueden llegar a ser gigantescas, ya a lo largo de los siglos un gran número é: piedras fueron acumuladas. Estos son los sitios pequeños más impresionantes a lo largo de, sistema vial Inka. Su impacto se origina en los espectaculares puntos de ubicación y el tamaño de las pilas de piedras . Regal (1936: 17-20) y Jijón y Caamaño (1919: 175-301) han recogido mucha información sobre ellas, desde fuentes históricas y contemporáneas. La mayoría de los cronistas españoles tempranos mencionan a la apacheta (Polo de Ondegardo, Pachacuti Yamqui,  Poma, Santa Cruz, Ramos Gavilán, Cobo, Arriaga, y Morúa) realizando breves descripciones. señalando en ocasiones que muchas otras cosas, además de las rocas, fueron dejadas sobre las apacheta. La descripción de Garcilaso (1960/II [1609]:48) es larga e informativa. Seúa.z que, además de rocas, bolitas de coca, tierra, ramas, paja, e incluso pestañas (confirmado por Cobo) podrían ser depositadas como ofrendas. Adicional mente, se podría añadir maíz. sandalias viejas, y plumas (Polo de  1917 [1567]:206-207). Pachacuti Yarnqui (1968 [1613] :287) afirma que los Inkas inventaron la apacheta, pero para sin embargo, ne hay prueba alguna que confirme esta afirmación. Debido a su obvia naturaleza pagana, las apacheta fueron condenadas por un concilie provincial en Lima, en 1567 y los sacerdotes recibieron la orden de desmantelarlas y colocar cruces sobre ellas (Jijón y Caamaño 1919: 175-176; véase también Salomón 1978:215, que informa de una orden similar en 1570). Estos intentos de cristianizar la apacheta, no fue un exitosos. A lo largo de la región andina, las apacheta y sus ofrendas acumuladas, continúan creciendo. Nuestro proyecto tuvo la suerte de encontrar y examina un conjunto de apacheta, ubicadas a lo largo del sistema vial Inka, realizando un examen comparativo que amplía la información existente sobre el tema. La distribución de las apacheta es muy generalizada. Nuestra prospección encontró dos en el Nudo de Azuay, Ecuador, y varias en la Provincia de Salta, Argentina. Otras incluyendo las grandes apacheta, se observaron en el Departamento de Cochabamba, Boli­ via (Figura 21.2). Aún se conocen otras en Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina (Jijón Caamaño 1919:283­301). Lautaro Núñez (1976: 166, 177,190) informa sobre las apacheta de Chile e incluye una fotografía de la gran apacheta de Altos de Pica. Stothert (1967: 16) menciona una apacheta a 5000 metros sobre el nivel del mar en el camino de Taquesi (Bo­ livia), Hagen (1955:67) encontró una en el camino de Carabaya, al sur del Perú. La distri­ bución de apacheta desde Ecuador hasta Argentina y Chile, sugiere que Pachacuti Yamqui pudo tener razón al precisar que la apacheta es de origen lnka. Su distribución es más o menos similar en el territorio del Tawantinsuyu, y la construcción de las mismas, pudo extenderse con el crecimiento de la red vial lnka. Encontramos evidencias arqueológicas de tres grandes apacheta (Tres Cruces, Nasakari, lngañán y probablemente Acay), las cuales estuvieron en funcionamiento durante el Imperio Inka. Por desgracia, estas observaciones de campo no son suficientes para demostrar o refutar un componente pre­ Inka para estos sitios. Si bien cientos, o más, apacheta existen sin duda alguna en la región andina, la ubicación de las mismas en puntos altos, lejos de caminos modernos, las ha mantenido fuera del al­ cance de los arqueólogos. Ninguna apacheta han recibido detallada investigación arqueologica. Esta investigación es necesaria a fin de determinar si se trata de sitios de origen pre ­Inka, extendidos durante el Tawantinsuyu. Nuestra prospección ha revelado que un conjunto de apacheta, no son más que montones de piedras. Algunas apacheta (Tres Cruces, Nasakari  Ingañan, y probablemente Acay) están asociadas con dos o tres estructuras de probable fi­ liación Inka, Estos sitios probablemente no sean tampu, ya que carecen de fuentes de agua y están a gran altitud. Sin embargo, la idea del descanso y la reposición de energía, es parte de la ceremonia de sacrificio en la apacheta, y por lo tanto las estructuras en estos sitios pueden ser albergues, destinados ser utilizados por cansados viajeros. Excavaciones en estos sitios podrán revelar mayores detalles sobre las actividades que se desarrollaron en sus in­mediaciones. La lista de artículos sacrificados u ofrendados sin duda alguna será ampliada una vez que los arqueólogos encuentren el tiempo para examinar el interior de estas pilas de piedra. Algunos artículos ofrendados durante la época Inka, como las pestañas, probablemente no puedan ser recuperados. Otros, no mencionados en relatos antiguos o modernos, pueden ser aún identificados. Pudimos encontrar fragmentos de cerámica Inka y local y la apacheta  en Argentina tiene un petroglifo con llamas grabadas. Debido a que las apacheta continúan siendo utilizadas, acumulan diversas ofrendas modernas. Los grandes montones de piedra pueden estar rodeados por decenas de pequeños altares, elaborados con tres o cuatro piedras, con velas e imágenes religiosas. La tendencia actual a construir pequeños altares de piedra se observó en Ecuador, Bolivia y Argentina. Las apacheta de la Provincia de Salta, Argentina, tenían muchas ofrendas modernas, como cigarrillos, botellas de bebidas alcohólicas, hilos de colores, cruces de madera y huesos de animales.
Las investigaciones de nuestro proyecto han tomado nota de que la apacheta tiende a ubicarse no sólo en los puntos altos de los caminos, si no en lugares donde hay ascensos o descensos pronunciados, casi monumentales, que podrían tomarla a un viajero, uno o dos días de viaje. Parece que la gran apacheta tiende a ubicarse frecuentemente en los bordes de los Andes, donde las montañas descienden hacia las tierras bajas hacia el este o el oeste. Las apacheta reportadas por Hagen, Stothert, y Núñez A, se ajustan a este patrón geográfico. La única gran apacheta observada por nosotros y que no estuvo al borde de una meseta de gran altura, fue la apachetaTres Cruces en Ecuador. Allí, la apacheta estuvo en el punto más alto de una montaña (el Nudo de Azuay) entre dos cuencas intramontañosas. Debido a que las apacheta están a menudo en puntos en donde se desciende a regiones mucho más bajas, con frecuencia no necesitan ser escaladas, si uno se acerca a ellas desde las altas mesetas. Por lo tanto, la mitad de los viajeros que se acercan a ellas, no tienen la impresión de que estén ubicadas a grandes alturas, hasta el momento en que se llega a ellas y se observa la especta­cular vista hacia las tierras bajas. Mostajo (citado en Regal 1936:19), indica que la “apache­ ta no significa o se relaciona con los puntos más altos, sino más bien con los lugares desde donde se descubre un nuevo horizonte, o un accidente de la naturaleza”. Sin embargo, las apacheta están a grandes alturas. Todas las apacheta registradas por nuestro proyecto fueron ubicadas por encima de los 4200 metros sobre el nivel del mar. La apacheta más alta, fue observada en la ladera oeste del cerro Acay, en la provincia de Salta, Argentina, sobre los 5000 metros sobre el nivel del mar. Se compone de dos pilas monumentales (y otras más pequeñas), las cuales deben de contener millones de piedras En este punto, el camino Inka abandona el altiplano argentino y desciende al valle de Calchaquí.

SANTUARIOS : El número de lugares sagrados a lo largo del sistema vial Inka, pudo haber sido innumera­ ble. La mayoría de ellos no pueden ser identificados, debido a la metodología arqueológica de identificación de sitios, ya que muchos de estos eran simples rocas, miradores u otros fenómenos naturales, conocidos sólo por los viajeros que frecuentaban ciertos segmentos de los caminos. Típico de estos puntos eran las tokankas (Tschudi 1918:76), las cuales son grandes piedras o rocas ubicadas en las laderas del camino, en donde los nativos andinos mascan maíz y escupen bolas de coca. Estos lugares son considerados de gran valor espiritual, y también pueden ser utilizados como puntos de descanso.Los caminos que conducen hacia y desde el Cuzco, estuvieron poblados por santuarios, los cuales formaban parte del sistema de zeques, líneas sagradas o senderos que son irradiados desde la capital de Inka (Jijón y Caamaño 1919:293­295; Rowe 1979; Wachtel 973; Zui­ dema 1964, 1977). La relación entre el sistema vial Inka y el sistema de zeques, es discutida en el capítulo 24. El desarrollo de prospecciones en la región del Cuzco, aclarará la relación  entre santuarios y caminos, en el esclarecimiento de importantes divisiones espaciales. Rowe ( 1967 :62, 71) ha señalado que se colocaron una serie de santuarios a lo largo de los caminos principales, en aquellos puntos en los cuales los viajeros pierden de vista Cuzco. Dado que no Pequeños sitios a lo largo  prospectamos la zona de Cuzco, estos datos añaden poco a la comprensión de los santuarios a lo largo del camino y de los zeque. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que otros grandes centros Inka, podrían haber sido diseñados con los conceptos espaciales y religiosa lnka en mente, y que sus caminos podrían tener santuarios. Polo de Ondegardo refirió que escribió que el sistema de zequesfue utilizado en muchas ciudades a lo largo del imperio. El análisis de Craig Morris (1984) en Huánuco Pampa, indica que los conceptos espaciales Inka, como el sistema de zeques fueron utilizados en este lugar. Cuando nos acercamos a Huánuco Pampa, por el camino Inka principal que ingresa a la ciudad desde el sureste, un sitio con dos bases rectangulares de piedra fue situado en un punto alto, desde donde el viajero puede ver la ciudad por vez primera o perderla de vista, dependiendo de la dirección en la que viajara (ver el reporte sobre el sitio de Sirrom, en el capítulo 5). Si utilizamos una analogía con el Cuzco, es posible que este sitio sea un suntuario asociado a un zeque. Cuando seguíamos a los caminos, entrando o saliendo de centros Inka conocidos (Cuenca, o Tomebamba, Hatun Cañar o Ingapirca, Hatuncolla, Chucuito, Cajamarca, Inkawasi, Tambo Colorado, etc.) no ubicamos posibles santuarios. La ausencia de estos puede explicarse por la pobre preservación arqueológica cerca de ellos, en comparación con Huánuco Pampa, o a que la organización espacial de zeques se utilice solamente en el Cuzco y en sitios específicos. Un conjunto de fuentes históricas tempranas indica que algunos centros Inka fueron construidos a imagen del Cuzco. Es aún incierto cuales fueron estos centros y en qué medida los patrones espaciales del Cuzco fueron replicados. Jesús de Arriaga (1922) utiliza la evidencia toponímica de Cuenca para demostrar similitudes entre Tomebamba y Cuzco. Otros intentos de comparar los centros lnka con el Cuzco, en la base a patrones arquitectónicos, han producido resultados inciertos (Ellefsen [1973a, b] en lnkallacta, Bolivia; Rostworowski [1978-1980] en Inkawasi, Cañete, Perú). La posibilidad de que los caminos, santuarios y líneas radiales estén asociados a sitios lnka distintos al Cuzco, no puede ser dejada de lado sin tener en cuenta el caso notable de los caminos radiales del complejo arquitectónico de la Centinela, en el valle de Chincha. Descubiertos por D. Wallace (1971, s.f), estos caminos están intactos tan sólo en unos pocos lugares y se observan de mejor modo en las fotografías aéreas. La arquitectura del complejo de La Centinela, en el Valle de Chincha, es un importante centro pre- lnka e Inka, existiendo la posibilidad de que los caminos que se irradian del mismo, sean de origen pre-Inka  Sin embargo, uno de ellos fue utilizado, durante la época Inka, como una ruta a través del desierto del valle de Pisco, en donde el camino cambia de curso en dirección hacia el Cuzco, pasando por Vilcas Huamán. Otro, entre los sitios de Centinela y San Pedro, fue sin duda alguna utilizado durante la época lnka. Las calles rectas que se extienden desde el complejo La Centinela, nos obligan a preguntarnos sobre las relaciones que tuvieron con los principios de los zeques lnka y/o con la larga tradición andina de líneas ceremoniales irradiadas desde puntos específicos, la cual data de muchos siglos antes del Tawantinsuyu (Morrison 1978).

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